Decisión y pensamiento puro

La toma de decisiones no es incompatible con el pensamiento puro. Se mueven en dos esferas distintas (puro), pero el trasvase de materia del segundo a las primeras es la clave de la consecución de lo que podríamos llamar fines ideológicos reales.

 

El proceso de maduración de una idea en la fase de pensamiento puro es un camino largo. La idea no debe tratar de exponerse, ni tan siquiera en su sentido más teórico, dirigiéndose a alguien que no sea uno mismo. Para ello debe estar en una fase de madurez ya bastante avanzada. Exponer una idea, una filosofía, cuando aun está por hacer es como pensar que un bebé podría valerse por sí mismo.

 

El proceso de maduración de una idea que aún reside en la esfera del pensamiento puro debe ser interno, silencioso, discreto, invisible desde el exterior de uno mismo. Sólo con el lenguaje propio de esta fase se pueden tomar notas, y que estas recojan ideas que se destilan de lecturas de otros que han pisado terrenos parecidos; frases que se pasan por el tamiz con la luz adecuada. Estas notas no tendrán sentido para el que no conoce “el idioma propio del que lo piensa”.

 

Como en una carrera de larga distancia, la maduración de la idea puede llegar a resultar una tarea agotadora, pasando por fases en las que se está al límite de abandonar (a veces se abandona), pasando por momentos de euforia (más peligrosos estos que los mismos desfallecimientos), clarividencias engañosas u oscuridades en las que reluce una luz débil que antes no veías. Y al final la madurez de la idea. Es ella sola la que te dice que está preparada para exponerse a los golpes de la realidad. Y entonces llega la hora de la valentía.

 

Se inicia una fase que va a llevarnos a la traducción desde nuestra propia lengua de pensamiento puro a la lengua con la que nos comunicamos con los demás. Una lengua mucho más torpe e incompleta que la que hemos venido usando hasta entonces sobre el tema en cuestión. La idea puede llegar a cambiar durante la traducción (cuanto más leve sea este cambio mejor). Lo positivo es que esta lengua va a servir a nuestra idea para dos cosas muy importantes. Primero someterse a las pruebas de resistencia de aquellos que tratarán de derrumbarla –debes incluirte tú mismo entre ellos- y segundo, encontrar aliados. Y es que, ¿para qué la sacamos a pasear si no es para convertirla en una realidad? Queremos que se materialice, mejore el sistema en el que sabemos que va a encajar y haga felices a los demás. Mejore nuestro “mundo”. Estos aliados serán los arquitectos y mecánicos finales. Aquellos que la hagan suya, la transformen y se comprometan para llevarla a cabo.

 

Estos son los “terminadores”, son los puntos en los que las esferas de las decisiones y el pensamiento puro se tocan. Son las personas que finalmente nos hacen avanzar. Los valientes.

 

N. Rojas

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