Diarios de Odiel. 3. La arquitectura del fútbol.

Construir la base de este razonamiento que ahora me da por verter aquí, eso es lo que hasta ahora he hecho. Base que aun está incompleta, pero dado que la escritura va como el ánimo de uno, y hoy me vi con claridad para exponer esto, seguirá más adelante en este cuaderno.

Ahora hablemos del inicio de la “idea”, esa cuyos conceptos básicos son los ladrillos con los que se construye el edificio. Aquí comienza a asomar, entre toda la palabrería que sigue, los primeras formas fugaces de la filosofía. Es la imagen que queda al finalizar la lectura, pasados unos minutos, unas horas, días. Despojada de la herramienta imperfecta usada para exponerla y convertida en un mecanismo mental.

Es una idea que viene a reponer lo perdido. A poner en duda esas otras que nos han introducido en la cabeza sobre el fútbol, que de tanto convivir con ellas ya ni nos preocupamos por tratar de derribarlas o ponerlas a prueba. Rozando la metafísica. Si no nos preocupamos por ellas es porque las hemos interiorizado de tal modo que han desaparecido de la realidad, del consciente. No sabemos que están ahí, forman parte de nuestro “sistema operativo”, convivimos con ella como con nuestra respiración, pero en realidad se pueden poner a prueba. hablemos de “El centro de gravedad del fútbol”, y no olvidemos nunca que no es más que un juego, ¿o no?

La falta de material aceptable sobre la historia del fútbol proviene de la incapacidad que hemos mostrado durante años para entender  el juego, y del fallo de los que a ello se han dedicado a la hora de poner el foco en lo realmente importante; que al fin y al cabo es lo que hace del fútbol algo diferente, más allá de lo que ocurre en el terreno de juego.

Alejarse de lo que ocurre en el terreno de juego es, por otra parte, el peor de los errores que podemos cometer a la hora de abordar el tema. Como en los invisibles enlaces de las moléculas, el juego se une a la sociedad que lo rodea de un modo a la vez natural y a la vez difícil de entender. Es en ese enlace, en ese puente con una estructura compleja y sólida, donde debe ponerse la atención si se quiere comprender este complejo sistema. No se debe perder de vista que el objetivo no ha dejado de ser el mismo; alcanzar un modo de gestión eficiente y coherente con la naturaleza del juego y para ello debemos partir desde el análisis del núcleo de este que reside en esa conexión. Ni solo en el terreno de juego, ni olvidándonos de él.

Un claro ejemplo de esto es el camino que recorren los historiadores dedicados a este mundo, generalmente por afición, o como hobby. Aquellos que se dedican al estudio de los clubes pioneros ponen el foco en la parte documental. En su afán por dejar clara la antigüedad de sus clubes (véanse Sheffield FC, Civil Service FC, Hallam FC, y muchos más) la estructura de sus trabajos, y el reparto de espacios de los mismos, hacen que el interés se vaya hacia un papel, un documento, un apunte en un registro, convirtiéndolo, con un profundo análisis y girando sobre él como si de un tesoro se tratase, en el eje rotacional de todo su trabajo, desnaturalizándolo y haciendo que pierda utilidad. No se trata de obviar esa parte documental del tema, se trata de ponerla al servicio de los puentes de los que hablábamos antes. Si observamos el sistema tomando como punto de observación uno solo, convertiremos a este punto en el centro del mismo.

Situémonos para comprender mejor este asunto. Debemos viajar hacia atrás en el tiempo y usar la herramienta más poderosa que tenemos, nuestra imaginación. En el año 1865 en una ciudad pequeña de Inglaterra llamada Bradham -por ejemplo- un grupo de aficionados al cricket, cansados de los largos inviernos que no les permiten practicar su deporte favorito, deciden organizarse mejor a la hora de practicar otros deportes que algunos de sus socios usan para mantenerse en forma. Atletismo, Fútbol asociación y Rugby, equitación… los deportes de equipo son los que precisan de una mayor coordinación entre los socios, y es debido a estos por los que el club de cricket (sus socios en realidad) adormecido por el frío y la lluvia, como si de un personaje de Ovidio se tratase, sufre una metamorfosis. Se inician las primeras reuniones para organizar aquello mejor, más allá de un partido semanal de amigos. Al final, como es lógico, cuando se precisa gestionar algo que tiene un coste económico, se crea una “sociedad” (entiéndase por unión organizada de personas con un marco legal cuya naturaleza es indiferente para el caso en estudio). Por supuesto que es importante conocer las fechas, las personas y los lugares relacionados con este paso legal, y también es cierto que, generalmente, el mismo carece de la solemnidad que presuponemos a las gentes del siglo XIX en tanto en cuanto acto administrativo; no así en lo que se refiere a la cara social del mismo, mucho más compleja, y sin duda, parte del núcleo real a estudiar. Un salmen del puente.

Aquí se inicia una trayectoria que va a alcanzar más de cien años, y que va a tener en la sociedad que rodea al club uno de los puntos de estudio importantes. Uno de los dos pilares en los que se va a sustentar el “edificio” es este punto. El otro pilar estará en el corazón de la entidad, y en ese residen regates, centros, pases de gol, centrales inolvidables, laterales veloces, derrotas dolorosas, victorias agónicas, sistemas de juego, filosofía deportiva, el fútbol destilado.

Este segundo salmen del puente debe tener exactamente el mismo peso que el que se apoya en “la otra orilla”. Una estructura compensada, ni más débil ni más pesada y recia que la otra. La descompensación entre los dos puntos de apoyo daría al traste con el club. Si se soporta únicamente sobre el salmen del fútbol, este, cuyo mayor tesoro es su característica viscoelástica que permite que sea moldeado por la sociedad donde se implanta, se convertiría en un juego vacío. Nuestro equipo no se distinguiría de cualquier otro, y los partidos, más allá de las habilidades de los jugadores, no serían más que el enfrentamiento entre dos tácticas vacías de filosofía. Victorias o derrotas cuya vacuidad se alcanza a ver con el paso de los años. Y por otro lado, si el apoyo del club en la pata social es más alimentado que el apoyo deportivo, la herramienta perdería todo su atractivo, y es que no debemos olvidar que se trata de aprovechar la potencia que este deporte tiene para devolverle a la sociedad lo que esta le entrega; y si esta devolución debe ser de gran tamaño, lo que la sociedad le aporte al club también debe serlo. El catalizador para que esto último ocurra es que el club sea “grande” y realmente representativo de su ciudad, o barrio, o comarca. Debe ser un club deportivamente serio.

 

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