Himnos, Canciones y silencios en el Nuevo Colombino

Leyendo sobre la historia del Liverpool F.C. club por el que tengo cierta simpatía, me encuentro con el relato de cómo una canción algo ñoña de un musical de los años 50, interpretada años antes por Andy and The Peacemakers, se convirtió en el Himno del club del norte de Inglaterra.

El tema “You´ll never walk alone” se eligió como himno por pura casualidad, pues la canción sonaba en la megafonía de Anfield Road siempre a la misma hora, ya que, evidentemente, pertenecía a la cinta que se ponía antes de todos los partidos, pero un día el sistema de sonido del estadio se rompió y la canción no sonó. Los fieles seguidores de los reds acostumbrados a la misma banda sonora todos los domingos, se dieron cuenta del detalle y, casi en broma, empezaron a cantarla, al parecer el estadio quedó mudo al acabar, de repente saltó el equipo al césped y se formó una gran ovación que acabó con el público cantando de nuevo el himno que hasta hoy se canta en los partidos del club.

En nuestro Recreativo llevamos años tratando de tener una canción, un himno que se pueda cantar. Cuando el club saca alguna melodía nueva como canción oficial, himno del centenario, himno oficial o como se le quiera llamar, se debate en conversaciones, foros en la red y en la grada si este gusta más o menos, si es cantable o no lo es, si es aflamencado o ajotado o lo que sea. Estamos equivocados. El himno no lo elige el consejo de administración de un club, no se pide por encargo a un músico o un cantante, no se le da el sello por parte de la oficialidad. No. El himno de un club lo elije la afición, y lo hace sin darse cuenta, como pasó en Anfield Road. La letra del himno de los Reds evoca el levantamiento tras la derrota, el arrostrar las dificultades, el superar los momentos más difíciles, cuando todo está perdido. Se hace desde fuera, recordándole a la persona o personas a las que va dirigido que no están solos, que los que cantan están con ellos a cualquier precio y bajo cualquier situación (deberíamos tomar nota). Cuando la cantaron todos juntos, de broma, por no perder una tradición en su estadio, se dieron cuenta del poder que esta canción tiene al entonarse todos a una. Y ahí sigue, perenne, sesenta años después.

En un equipo de pueblo está ocurriendo algo parecido con Space Oditty de David Bowie, está en el único CD que tienen para poner por megafonía, y a la gente le gusta (óiganla). No gasten tiempo en componer himnos que la gente no va a escuchar si tratamos de metérselos por los ojos (o por los oidos habría que decir). Dejen que el público elija, dejen que la espontaneidad del juego, del regreso semanal a la infancia, actúe. Y si no elije nada quizás sea porque a nuestra afición no le gusta cantar. Es como somos, es nuestra forma de ser. ¿Qué le vamos a hacer? Gracias a Dios están los chicos del gol norte. No me gustan algunas de las cosas que veo en esa zona, no comulgo con la mayoría de sus ideas, pero lo cortés no quita lo valiente. Si no es por ellos, el Nuevo Colombino sería como un  tanatorio. Hay que agradecerles el ambiente que crean y la incondicionalidad a la hora de apoyar a su equipo.

Narciso Rojas

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