La Ciudad que pudo jugar al Críquet

Isabelo, Poli Rincón, Pichardo, Luzardo, Alzugaray, Manolo Zambrano, Raúl Molina, Pernía, Uche, Viqueira, Santi Cazorla, Sinama-Pongolle… Todos en sus propios momentos temporales. Todos golpeando con un bate cuadrangular una pelota maciza, de tamaño similar a la de tenis, con un núcleo de corcho recubierto por varias capas de cuerda, sobre las cuales hay cosidas dos piezas semiesféricas de piel curtida unidas por una tira del mismo material, esto es…, una pelota de críquet. Pudo ser. Pudo haber sido.

Cuando los ingleses nos colonizaron económicamente en la segunda mitad del siglo XIX también nos inocularon, afortunadamente, la afición por varios de los deportes más modernos del momento en la Europa civilizada. Los principales ‘sports’ (que hasta en las palabras nos contagiaron, como se puede ver en la prensa de la época) eran el tenis, el fútbol y el críquet. De los dos primeros, no hace falta hablar demasiado; en Huelva somos decanos de todos los clubes de fútbol y de tenis del país. Pero, ¿quién habla de críquet? Exacto. Nadie. Y pudimos jugar mucho al críquet. De de hecho, allá por el cambio de siglo del XIX al XX, en Huelva se hablaba mucho más de este deporte de bate y pelota que de aquel de balón y pie o de aquel otro de pelota y raqueta. Sólo hay que echar un vistazo a los periódicos de entonces, por ejemplo ‘La Provincia’ entre 1899 y 1902 (lo primero porque era la publicación periódica más importante de la época y lo segundo porque yo mismo visione en microfilmes aquellos años en busca de poemas juanramonianos, para un asunto muy diferente a éste, claro es). El lunes 20 de febrero de 1899 dicho diario dedicó dos columnas completas al partido de críquet jugado entre el equipo de Lisboa y el de Huelva-Riotinto, incluso ilustrando el evento con un grabado de la figura de un jugador. Si tenemos en cuenta que por entonces ‘La Provincia’, como muchos otros periódicos, contaba con cuatro páginas, ninguna fotografía y pocos dibujos, podemos hacernos una idea de la gran fama del críquet en la Huelva de entre siglos.

De hecho, cuando la Riotinto Company Limited cedió en 1892 los terrenos que hoy están colindantes al emblemático Hotel Luz para construir el famoso y desparecido Velódromo, copiando el último modelo construido por la Sociedad Velocipedística de Londres, se jugó en dicho recinto tanto al fútbol como al críquet. Aun más, como hemos visto, las crónicas sobre este deporte en torno al novecientos eran más y mayores que las dedicadas a aquél. Con el paso de los años, el balompié fue ganando terreno a pasos agigantados, probablemente porque era un deporte más popular, más de la gente de la calle, de los onubenses de las clases humildes, y el críquet debió de quedar poco a poco arrinconado en las costumbres de la ‘high class’ británica. Cuando ésta fue abandonando nuestra ciudad a partir de la segunda mitad siglo XX (completando así un siglo casi redondo de ocupación mercantil), el críquet se fue olvidando como un mal sueño. Ya nadie se acuerda de aquellos partidos de críquet en el Velódromo, pero, queramos o no, en vez de hacerlo al fútbol, nuestra ciudad pudo jugar al críquet hasta ayer mismo.

Antonio Martín Infante es Licenciado en CC de la Información y Doctor en Humanidades. Columnista de El Periódico de Huelva y profesor de Secundaria de Lengua y CCSS en los Maristas (Colegio Colón).

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