Teatros de sueños. Arquitectura.

Cuando un equipo de profesionales técnicos competentes para tal efecto tiene entre sus manos la creación de un Estadio, aparte de ser una buena ocasión para disfrutar en el ejercicio de sus profesiones por la singularidad del mismo, es un momento en que se pone de manifiesto el conocimiento que se tiene del complejo funcionamiento de un municipio concreto.

Enfrentarse a la proyección y posterior ejecución de un estadio no es únicamente un gran reto tecnológico, llega a ser un reto a nivel urbanístico por la naturaleza representativa que toman estos edificios en el tejido urbano, tanto por sus dimensiones y repercusión infraestructural, como por las connotaciones simbólicas que han llegado a adquirir desde la antigüedad y en todas las culturas a nivel mundial. Bien es cierto que hay una gran diversidad de estadios a lo largo de todo un territorio, distinguiéndose en la capacidad de sus instalaciones y en la influencia de los factores externos que priman a la hora de diseñarlos, como es su relación directa con la población a la que harán soñar, la climatología de la zona, la cultura de sus gentes, siendo el más significativo y determinante el nivel económico de las Administraciones que lo impulsan, ya sean públicas o privadas, pero sin duda todos ellos tienen el factor común de espacio de encuentro, de desarrollo de actividades de ocio y deportivas. A su vez, será esa singularidad que los caracteriza, la que desde hace unas décadas ha promovido que se hayan dejado de proyectar estadios de fútbol con la única función de dotar a las ciudades de un lugar donde poder disfrutar de las hazañas que sus equipos de fútbol desempeñan ante otros equipos rivales, y se comienzan a crear verdaderos centros polivalentes destinados a la celebración de todo tipo de acontecimientos sociales, culturales y deportivos, ofreciendo una alternativa viable frente a la gran inversión que siempre supone un recinto de estas dimensiones para su uso exclusivo como campo de fútbol; es decir se ha pasado de pensar en los tres elementos fundamentales de un estadio y que podríamos asimilar a un teatro al aire libre: una gran estructura portante de graderíos acogedora de espectadores, el terreno de juego y las zonas de circulación donde se sitúan los servicios como aseos y cafetería, a pensar en toda una serie de añadidos, normalmente concentrados bajo los graderíos y zonas de acceso al recinto que arropa al estadio en sí, siendo cada vez más normal los elementos móviles que dan una cierta actitud cambiante, como ocurre con las posibles ampliaciones que se prevén desde el diseño. Es la manera en que los Estadios de fútbol hacen ver que son un reflejo de las sociedades a las que ilusionan, son edificios que no se presentan como un todo único, totalmente definido, sino cambiantes como la actitud humana, a la que debe mirar cuidando la relación que los une, en definitiva el reto de construir un “teatro de los sueños”.

María Rojas (Arquitecto)

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