El Aleph

Borges bajó al sótano de la casa de la calle Garay, donde residía su amiga recién fallecida Beatriz Viterbo y ahora andaba solo Carlos Argentino. Este último era el que le había hablado de El Aleph, y allí estaba.

“El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo”.

Lo que experimenta cada persona con las cosas que le importan es diferente. Pero no hablo de los sentimientos que todos podemos ver, entender o incluso llegar a explicar. Estos, aunque los creíamos profundos, no son más que la piel de los reales. A lo que me refiero es a la esencia de todas las cosas. A la idea básica, traducida desde los sentidos por el cerebro en un ente desnudo de ornamento y tan esencial que no somos capaces de explicarlo y a veces casi ni de entenderlo. Estas ideas son las piezas básicas de los engranajes y mecanismos que nos mueven; tienen que ver con todo en la vida. No entienden de idiomas, pues no se piensan con el lenguaje con el que se habla. No se pueden transmitir ni enseñar. Se puede preparar al niño para que sepa convivir con ellas, para que detecte su presencia.

Lo que siente alguien por un club como el Recreativo de Huelva es un Aleph en el que entra todo el universo futbolístico de una ciudad como Huelva. A veces se nos viene a la cabeza esa idea, que son muchas ideas a la vez, que son imágenes y recuerdos. Tiros a puerta que dejan olor a pólvora en el aire del Nuevo Colombino, abrazos con extraños, jugadores que escapan de sus contrarios desplegando las alas y volando, balones que se cuelan por los pliegues del espacio-tiempo, pases imprecisos, un paseo por el césped con tu mejor amigo, rodeados de gente que salta y celebra; parados con las manos en la espalda, al borde del área, imaginando cómo sería tirar una falta desde allí. Dos horas de pié en el Municipal, mirando hacia la Plaza Houston porque en el otro sentido no había nada que mirar. Todas las caras, todas las miradas, todas las jugadas, todas las decepciones, todos los enfados, todos los saltos de alegría, todos los nervios, todos los colores, todas las palabras y todos y cada uno de los centímetros cúbicos del hormigón del estadio. Todo eso y más, a la vez, en el mismo instante dentro de una persona, dentro de mi o de ti. Eso es el Aleph del Recreativo. Desnudo de ornamento. No puedes explicarlo. Recreativo Puro.

Narciso Rojas.

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